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Domingo 7 de Julio de 2013

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Decimocuarto Domingo del Tiempo Ordinario


Isaías 66:10-14
Gálatas 6:14-18
Salmo 66:1-7, 16,20
Lucas 10:1-12, 17-20

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Reflexiones Similares

en la cruz

"Por lo demás, que nadie venga a molestarme, pues me basta con llevar en mi cuerpo las señales de Jesús." —Gálatas 6, 17

Jesús murió por nuestros pecados. Si no hubiéramos pecado, no habría necesidad de que Jesús muriera en el suplicio del sacrificio del Calvario en propiciación por nuestros pecados. En resumidas cuentas, cuando nosotros pecamos sexualmente, o con nuestras palabras chismeando, o con nuestra gula comiendo mucho, o con nuestra pereza negándonos a evangelizar, o con nuestra ira negándonos a perdonar, nosotros estamos directamente involucrados en la pasión y muerte de Cristo.

Los cristianos hemos oído que nuestros pecados y la muerte de Jesús están relacionados, pero muchos ven esta relación como una idea o una abstracción teológica. El Espíritu Santo cambia esa percepción condenándonos por nuestros pecados (Jn. 16,8) y llevándonos a la cruz. Allí experimentamos más profundamente como nuestros pecados hieren a Jesús y le martillan los clavos en sus benditas manos de nuevo. Cuando nos damos cuenta de esto, entendemos cabalmente lo mucho que hieren a Jesús los pecados del mundo. Nunca más el pecado nos parecerá divertido y nunca más nos atraerá.

La experiencia personal de la cruz no tiene que ser una experiencia mística. El Espíritu Santo nos puede hacer comprender de una forma más profunda el grave daño de algunas influencias sutiles en nuestras vidas. El resultado de esto será un severo distanciamiento de los caminos pecaminosos del mundo. Odiaremos todo pecado (vea Sirácida 17, 21) y amaremos al pecador, como hace Jesús.

Oración:  Padre, manda al Espíritu para que me percate de mi pecado y me aleje de los torcidos caminos del mundo.

Promesa:  "La cosecha es abundante pero los obreros son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe obreros a su cosecha." Lc 10, 2.

Alabanza:  "Toda la tierra se postra ante ti, y canta en tu honor, en honor de tu Nombre." Salmo 66,4.

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 1 de marzo de 2013

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